
El domingo, involuntariamente, me vi envuelta en una discusión política con el padre de un amigo. En un bando estábamos su esposa y yo, y en el otro, él. Acostumbrada a tocar temas triviales y alegres en ese hogar, por primer vez salí consternada y alterada...
La discusión se propagó lo suficiente cómo para llegar a elevar el tono. Y se acomplejó más aún, cuando el papá de mi amigo intentaba ejercer soberanía sobre nuestras posturas.
Idas y vueltas, presiones inútiles... Un diálogo con un sordo, no tiene buen augurio...
Y las energías fueron gastadas para nada... Al final quedamos como al principio...
La verdad que desde que empezó todo este revuelo político, no hago más que incorporar la información mínima (y necesaria) para subsistir en la era de la información.
Aprendí más sobre la política en mis estudios terciarios, pero no fui (ni soy, todavía) capaz de visualizar la más mínima utilidad de la misma en mi vida.
Cada vez que intento analizar y analizar el asunto presente, no logro luego hacer un paso al costado, y seguir con mi vida como si nada hubiera pasado. No logro quitarme de encima ese pesar, y tratar de mirar hacia adelante con ojos llenos de júbilo, con despreocupada inocencia...
Me duele ver esa falta de esperanza y de bases en los adolescentes, en esos chicos con los que comparto las prácticas del profesorado... Me duele ver ese abismo cultural que los separa de todo pensamiento crítico, de toda luz, de toda autonomía...
Siento que está en mí (y en todos, obvio) encontrar ese Algo para hacer...
